Algo curioso ocurrió en los últimos días a causa de un tuit y la
sobrerreacción frente a un chiste, que se infló a un tamaño insospechado
provocando debates, despidos y hasta ataques DDoS. ¿Eran necesarias estas consecuencias? Quizás podemos aprender algo de esta historia.
Todo comenzó en la conferencia de programación de Python, PyCon,
donde un desarrollador que trabajaba para la startup Playhaven hizo un
chiste sexual respecto a un dongle “grande” y hacer un fork del repositorio de alguien.
Poco después, la empresa Playhaven anunció que despidió al desarrollador que había hecho el chiste:
“Como compañía dedicada a la igualdad de género y que valora el
comportamiento honorable, hemos hecho una investigación profunda. El
resultado de esta investigación llevó a desafortunado resultado de dejar
ir a este desarrollador”, dijo el CEO de la firma, Andy Yang.
El empleado despedido apareció de forma anónima en Hacker News usando el pseudónimo “mr-hank”, donde se disculpó por el chiste:
“Primero que nada, me gustaría decir que lo siento. Realmente no
esperaba ofender a nadie y realmente lamento el comentario y cómo hizo
sentir a Adria. Ella tenía todo el derecho de acusarme con el staff y yo
defiendo su posición. Sin embargo, hay otro lado en esta historia. Si
bien hice un chiste sobre un dongle grande sobre un pedazo de hardware
ficticio que puede ser identificado como masculino, no hubo chistes
sexuales sobre forking. Mis amigos y yo decidimos que hacer un fork del
repositorio de alguien es una nueva forma de halago (siendo la más alta
la implementación) y estábamos emocionados sobre uno de los proyectos de
los presentadores. Un amigo dijo ‘yo haría un fork del repositorio de
ese sujeto”. El contexto sexual fue aplicado por Adria, no por nosotros”, explicó.
Mr-hank recrimina a Adria por haber hecho público el caso teniendo la gran audiencia que ella tiene. “No
me dio una advertencia, ella sonrió mientras tomaba la fotografía y
sellaba mi destino. Que esto sirva como un mensaje para todos, nuestras
acciones y palabras, grandes o pequeñas, pueden tener un impacto serio”, afirmó.
Después de que se conociera la noticia del despido, Adria Richards comentó en Hacker News que no era su intención que el desarrollador fuera despedido.
Luego comenzó a recibir montones de críticas e insultos hacia su
persona a través de diferentes canales, como Twitter y Facebook.
Entre las respuestas apareció un mensaje en Pastebin firmado por Anonymous amenazando con atacar la infraestructura de la empresa SendGrid si es que ésta no despedía a Adria Richards. “Su
carrera profesional debería ser destruida tal como la de su víctima
para que se haga justicia y se devuelva el equilibrio al universo”, declararon.
La empresa SendGrid sufrió en el intertanto un ataque DDoS y luego anunció el despido de Richards:
“Un evangelista de desarrollo de SendGrid es responsable de
construir y fortalecer nuestra comunidad de desarrolladores en el mundo.
A la luz de los eventos en las últimas 48 horas, ha quedado claro que
sus acciones han dividido fuertemente a la misma comunidad que ella
debía unir. Como resultado, ella no puede seguir siendo efectiva en su
rol en SendGrid”, explicó la compañía.
Al día de hoy, varios se preguntan: ¿Era necesario que ocurriera todo esto? Si
bien hay una gran esfuerzo por hacer que los ambientes de desarrollo no
sean hostiles hacia las mujeres, entre otras cosas reduciendo los
chistes machistas, tal vez el tema se habría resuelto si Richards
hubiese hablado directamente con el desarrollador en cuestión, en lugar
de hacer público el asunto.
La tentación de las redes sociales ha hecho que muchas veces la gente
suba casi todo lo que hace o lo que piensa sin considerar las
consecuencias, y descartando las alternativas – como hablar directamente
para resolver un problema. Aunque es fácil culpar a Adria Richards y a
los desarrolladores que hicieron chistes, también hay responsabilidad
aquí de todos los que sobrerreaccionaron alrededor – Playhaven que
despidió al desarrollador por haber hecho un chiste, y luego la
audiencia que apareció lanzando amenazas de todo tipo (desde DDoS a
violaciones y muerte) para escalar una situación que podría haber sido
reducida a un nivel fuera de la razón.
Quizás todo se habría podido resolver con una sola conversación al
principio, sin necesidad de publicar el caso por Internet, invitando a
participar a empresas y espectadores del circo. Queda al menos como una
historia de la cual aprender.




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